Esta es la historia de un hombre sin certezas
Claro, no sentía asperezas, pero ni las rarezas del mundo
ni un difunto lo atormentaban.
Nada sentía y nada pasaba por su cabeza.
Se movía sin presiones, sin cariño, sin sentimientos profundos.
Nada le dolía y nadie lo estresa.
Nada le llama la atención y nada le interesa.
Nunca sabremos lo que tiene en la mente
ese hijo del presente, que camina de frente
Porque mas le vale ser un funeral vacío
que un carro lleno que pierde un amigo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
martes, 15 de junio de 2010
Retrato
Tu nunca te imaginaste como era la vida. Nunca pensaste en como actuar, como caminar. En tu vida has vivido ni pensado en como vivir. Jamás descubriste las más sinceras formas de interacción social. En todo caso, quien te culpa.
Solo te pido humildemente y desde una humilde mente, no vayas a aterrizar antes de despegar.
Solo te pido humildemente y desde una humilde mente, no vayas a aterrizar antes de despegar.
martes, 4 de mayo de 2010
Mis mas sinceras disculpas
Mi creatividad ha estado en un estado de letargo, por lo que pido a mis (pocos) lectores que me disculpen.
domingo, 24 de enero de 2010
Coming soon...
Esa misma noche se fue todo el pueblo a dormir, sin saber que la noche no se habría ido al despertar de la mañana siguiente.
miércoles, 20 de enero de 2010
Segundo piso y la transformación infinita
La vida cambia, se transforma de a poco sin que lo notes. El aire esta distinto, a veces mas denso a veces mas ligero. El ambiente se acalora, se enfría. No te das cuenta que la vida evoluciona, sin embargo lo notas en la música que recorre tu mente. Se nota en la gente que cambia, en el agua que parece correr mas lento. Las nubes se aclarecen mientras recorren por encima del cerro hacia la ciudad y una leve llovizna cae verticalmente, humedeciendo a la gente mientra camina por las calles. Una mujer de pelo negro se divisa en el techo de un edificio. Momentos después suenan disparos cerca del banco central, el mismo banco de donde esa mujer liberó su alma de la transformación infinita.
lunes, 11 de enero de 2010
Primer piso y el intramonólogo de la culpa
Te acuerdas de esa vez que saliste con tus amigos y se te olvido pagarles? Si, lo recuerdo perfectamente, me sentía como el bodrio, pensando que ellos pensaban que lo hice a propósito. Con mis entrañas retorciéndose con el sentimiento y la impotencia de pagarles la deuda. Ah, entonces te acuerdas también de la vez que insultaste a ese pequeño muchachito.. Como olvidarlo. Sus ojos estaban llenos de pena y yo no entendía que pasaba, no sabía que mis palabras podían herir a la gente, ya que no me pueden herir a mi, algo de falta de empatía, palabras del doctor.
No recuerdas acaso la vez que heriste los sentimientos de tu padre? Como si fuese ayer, las palabras vierten de mi boca, nunca pienso en las consecuencias, no pienso en lo que digo, no digo lo que siento ni siento lo que digo. Me arrepiento cada día de lo que brota de estas horribles cuerdas vocales, me arrepiento de no poder decirle a mi padre que sea el que siempre ha sido, que así lo amo y así lo amaré siempre.
No recuerdas acaso la vez que heriste los sentimientos de tu padre? Como si fuese ayer, las palabras vierten de mi boca, nunca pienso en las consecuencias, no pienso en lo que digo, no digo lo que siento ni siento lo que digo. Me arrepiento cada día de lo que brota de estas horribles cuerdas vocales, me arrepiento de no poder decirle a mi padre que sea el que siempre ha sido, que así lo amo y así lo amaré siempre.
domingo, 10 de enero de 2010
Cuarto piso y las sábanas.
Estábamos cerca del antro cuando decidí mirarte una vez mas antes de entrar y encontrarnos con los mismos de siempre. La luz de la luna se reflejaba levemente en tus ojos e iluminaba tu suave rostro, dejándolo de un color parecido al de la porcelana. El frío de la noche nos recorría y en una reacción natural me abrazabas, impregnando tu perfume en mi ropa. Pasaba por mi mente nuevamente el momento en que en verdad nos conocimos, esa tarde que hablamos por mucho rato sentados en el atardecer, con los pies sumergidos en la orilla de la laguna. Mando un último respiro y te miro; Estas lista para entrar? Si, ya entremos que hace frío.
Quinto piso y los disfraces mentales
No puedo aguantar mas. No puedo seguir así con todas esta mierda dando vuelta en mi cabeza. Siento como todo se acalora, como ese camino se derrite lentamente.
Quiero que esto se termine, desaparecerme un tiempo, no ver a nadie ni nada, sólo estar conmigo y sentir mi alma recorrer como ese sentimiento amargo recorre mi cuerpo. Cierro los ojos esperando que resulte, que pueda levantar las paredes y cerrar las puertas.
No creo que sea tan fácil olvidar, perdonar, simpatizar, alejar. Tendré que esperar a los resultados, me dije una y otra vez en el frío cuarto. El corazón se acelera y la mente se pone en blanco mientras en ese mismo cuarto todas las emociones salen como un bolo alimenticio hacia la superficie, lentamente quemando el interior y quitando todas las preocupaciones que sentías en ese momento. Vaya, no creo que haya funcionado. Me levanté lentamente, con una mano apoyada en el muslo y la muñeca de la otra en la boca, con la mente en blanco y libre para vivir otro día.
Quiero que esto se termine, desaparecerme un tiempo, no ver a nadie ni nada, sólo estar conmigo y sentir mi alma recorrer como ese sentimiento amargo recorre mi cuerpo. Cierro los ojos esperando que resulte, que pueda levantar las paredes y cerrar las puertas.
No creo que sea tan fácil olvidar, perdonar, simpatizar, alejar. Tendré que esperar a los resultados, me dije una y otra vez en el frío cuarto. El corazón se acelera y la mente se pone en blanco mientras en ese mismo cuarto todas las emociones salen como un bolo alimenticio hacia la superficie, lentamente quemando el interior y quitando todas las preocupaciones que sentías en ese momento. Vaya, no creo que haya funcionado. Me levanté lentamente, con una mano apoyada en el muslo y la muñeca de la otra en la boca, con la mente en blanco y libre para vivir otro día.
sábado, 9 de enero de 2010
Tercer piso y las ínfimas carencias
El sentido de impotencia que se llega a sentir en ciertas situaciones es tan agravante en corazón, alma y razón que termina por dejarte desesperanzado completamente. Así me mismo me sentí esa vez, te miraba como luchabas con tus problemas y no podía hacer nada para mejorar tu situación.
Así me vez tu ahora, tristemente moviéndome por el mundo sin razón de ser. Todo en lo que creía se fue cayendo lentamente; el trabajo ya no es el mismo, esa mujer con la que tanto soñaba ha cambiado completamente. Mis amigos ya no son tan amigos y súbitamente se me acaban las razones para vivir.
¿Sube o baja el ascensor?- pregunta un transeúnte del edificio.
-Baja.- le respondí, secamente.
Así me vez tu ahora, tristemente moviéndome por el mundo sin razón de ser. Todo en lo que creía se fue cayendo lentamente; el trabajo ya no es el mismo, esa mujer con la que tanto soñaba ha cambiado completamente. Mis amigos ya no son tan amigos y súbitamente se me acaban las razones para vivir.
¿Sube o baja el ascensor?- pregunta un transeúnte del edificio.
-Baja.- le respondí, secamente.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Ultima carta hacia el infinito
Y las decisiones que tomaste no fueron las indicadas, pero que le vas a hacer. No te cuelgues del pasado, no te arrepientas de lo que has vivido, en total la vida está para vivirla. Creerías tu si te digo que no estoy arrepentido? Necesitas dejar de pensar en que vas a herir a los demás, ya que si los hieres es porque fuiste parte de su vida, y eso es hermoso. Yo he herido y me han herido, y si pudiese viajar en el tiempo para cambiar cualquier momento(por más mínimo instante que sea) no lo haría. La vida me ha traído hasta acá y sin ese sufrimiento (y la felicidad de donde viene o que crea) no hubiese llegado a donde estoy ahora.
Creo que digo esto por si en algún rincón de tu mente tú sigues creyendo que me molestas de alguna forma, creo que hay que cerrar este capítulo.
Creo que digo esto por si en algún rincón de tu mente tú sigues creyendo que me molestas de alguna forma, creo que hay que cerrar este capítulo.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Con toda honestidad
En el mundo de los mitad, la gente mitad ve la mitad, escucha la mitad, come la mitad, respira la mitad, escribe mitad y lee mitad.
Mitad sueña sueños mitad, mitad piensa pensamientos mitad.
Caminando por la calle mitad del mundo mitad, me di cuenta de la quinta dimensión, somos todos mitad. Como lo haremos para encontrar nuestra otra mitad?
Creo que tu eres mi otra mitad.
Mitad sueña sueños mitad, mitad piensa pensamientos mitad.
Caminando por la calle mitad del mundo mitad, me di cuenta de la quinta dimensión, somos todos mitad. Como lo haremos para encontrar nuestra otra mitad?
Creo que tu eres mi otra mitad.
sábado, 31 de octubre de 2009
Ojos del azul del cielo.
No mirarte facilita mi trabajo,
de no tentarme a besarte.
No mirarte es mantener distancia,
de alguna forma, respetarte.
No mirarte para que sanes
del corazón y de la mente.
No mirarte es imposible,
no mirarte es un arte.
No mirarte es tortura,
no ver en tus ojos alegría.
No mirarte es amargura,
rompe toda mi armonía.
No mirarte es negar mi vida
y negar la tuya con la mía.
No me pidas que no te mire,
no me pidas que muera hoy día.
de no tentarme a besarte.
No mirarte es mantener distancia,
de alguna forma, respetarte.
No mirarte para que sanes
del corazón y de la mente.
No mirarte es imposible,
no mirarte es un arte.
No mirarte es tortura,
no ver en tus ojos alegría.
No mirarte es amargura,
rompe toda mi armonía.
No mirarte es negar mi vida
y negar la tuya con la mía.
No me pidas que no te mire,
no me pidas que muera hoy día.
jueves, 15 de octubre de 2009
Trucos mentales
Noté, cuando iba caminando, que el hombre que iba siguiendo a esa muchacha había desaparecido. Se desvaneció de mi vista como la luz se va de la lámpara al toque de un switch. Impactado por tal acontecimiento, me dirijo hacia donde se encuentra la mujer, y la empiezo a seguir, buscando al místico sujeto que repentinamente privó su imagen de mi vista. Busco por los callejones y las galerías, volviendo mi cara en todas direcciones, tratando de encontrar al señor que seguía a la muchacha desde hace ya varias cuadras.
Sin victoria y muy cerca de la chica, camino un poco mas veloz hasta quedar al lado de ella, con la intención de preguntarle el nombre. Cuando la miro de perfil, noto que ella también se desvanece, y yo me encuentro tres cuadras mas adelante.
En este momento, entendiendo la misma nada de lo que acababa de ocurrir, veo hacia atrás mio, divisando a la chica y el hombre conversando, pasando luego por al lado mio y sin notarme.
Tras ese evento me doy cuenta, era yo sólo el aire que rondaba por la ciudad, y eran aquellas personas solo recuerdos pasados que rondaban por las calles.
Sin victoria y muy cerca de la chica, camino un poco mas veloz hasta quedar al lado de ella, con la intención de preguntarle el nombre. Cuando la miro de perfil, noto que ella también se desvanece, y yo me encuentro tres cuadras mas adelante.
En este momento, entendiendo la misma nada de lo que acababa de ocurrir, veo hacia atrás mio, divisando a la chica y el hombre conversando, pasando luego por al lado mio y sin notarme.
Tras ese evento me doy cuenta, era yo sólo el aire que rondaba por la ciudad, y eran aquellas personas solo recuerdos pasados que rondaban por las calles.
Felicidad amarga
Ser un emisario de la felicidad no ha sido un trabajo fácil en mis años de vida. Es bien interesante, ya que uno de lejos creería que es el trabajo más gratificante que existe. Lo que no se sabe, es la envidia que uno siente por los que uno obra. Claramente uno se alegra, le estás dando felicidad a una persona, estás haciendo que su vida tenga algo de rumbo, estás haciendo que su vida sea algo un poco mas pleno.
No obstante, para un emisario de la felicidad no es fácil ver eso, ver como alguien que se encontraba triste, sin rumbo, gracias a tu ayuda cambia y su sonrisa evoluciona a una de autentica alegría. Es difícil verlos, tras recibir tu gratificante ayuda, marcharse con esa sonrisa y re hacer su vida de una forma mil veces mejor, dejándote atrás, como aquél que usa una servilleta para luego botarla.
Sin embargo, uno como emisario de la felicidad no puede simplemente dejar su trabajo, mas que por la obligación de hacer a la gente feliz, es por la adicción que te da ver esas sonrisas, y por la adicción a encontrar un nuevo caso que ayudar, con la esperanza de que, antes de marcharse, pinte una sonrisa en tu cara.
No obstante, para un emisario de la felicidad no es fácil ver eso, ver como alguien que se encontraba triste, sin rumbo, gracias a tu ayuda cambia y su sonrisa evoluciona a una de autentica alegría. Es difícil verlos, tras recibir tu gratificante ayuda, marcharse con esa sonrisa y re hacer su vida de una forma mil veces mejor, dejándote atrás, como aquél que usa una servilleta para luego botarla.
Sin embargo, uno como emisario de la felicidad no puede simplemente dejar su trabajo, mas que por la obligación de hacer a la gente feliz, es por la adicción que te da ver esas sonrisas, y por la adicción a encontrar un nuevo caso que ayudar, con la esperanza de que, antes de marcharse, pinte una sonrisa en tu cara.
Carta del altazor
Tal es la situación indescriptible por la que pasa el humano, que desde los rincones más lejanos de sus mentes salen ideas, creando enlaces lógicos y a la vez ilógicos. Sufriendo demás por temas intrascendentes, tratando de buscar la real trascendencia y esperando que lo que ellos creen cierto es verdad, cuando en el fondo saben que es sólo una vaga ilusión que alimenta de manera vaga sus ansias de vivir.
Y claro, luego llegas con tus promesas de una vida mejor, de que todo será genial y que la vida no es tan mala. Pintas este hermoso cuadro de un campo verde y un sol que ilumina como no lo había hecho en diez mil años. Escribes los versos más alegres, que llenan de felicidad por breves momentos mi alma, para luego entender que la alegría sentida no era mas que una melancolía oculta, una máscara engañadora que usa el destino para hacerme creer que todo va bien.
Para que los humanos se van por estos temas tan inútiles, temas de tan poca importancia para la universalidad del planeta. Lamentablemente quien los creó, con un deseo caprichoso de verlos sufrir, no entiende qué tanto es lo que pueden llegar a sentir. Aún mal por él, ya que cuando encuentran la verdadera felicidad (y de una forma tan intrascendente, que mi mente no logra comprender), es como que el sol brillara como lo hacía hace diez mil años.
Y claro, luego llegas con tus promesas de una vida mejor, de que todo será genial y que la vida no es tan mala. Pintas este hermoso cuadro de un campo verde y un sol que ilumina como no lo había hecho en diez mil años. Escribes los versos más alegres, que llenan de felicidad por breves momentos mi alma, para luego entender que la alegría sentida no era mas que una melancolía oculta, una máscara engañadora que usa el destino para hacerme creer que todo va bien.
Para que los humanos se van por estos temas tan inútiles, temas de tan poca importancia para la universalidad del planeta. Lamentablemente quien los creó, con un deseo caprichoso de verlos sufrir, no entiende qué tanto es lo que pueden llegar a sentir. Aún mal por él, ya que cuando encuentran la verdadera felicidad (y de una forma tan intrascendente, que mi mente no logra comprender), es como que el sol brillara como lo hacía hace diez mil años.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Pub a la medianoche
Era la noche de un sábado cuando conocí a la mujer más hermosa del planeta. Estaba con mis amigos en un Pub cerca del centro de la cuidad. La música sonaba y la gente bailaba. Estábamos conversando sobre temas mundanos y ya casi obsoletos, cuando miro hacia la barra y veo como pasan mil y un sentimientos por mi cabeza al instante de poner mis ojos en la mujer más bella que había visto hasta ahora. Su mirada, profunda como el océano, penetraba mis ojos y llegaba hasta mi alma. Su pelo brillaba mientras se movía sensual y lentamente por sus hombros y su espalda. Su piel morena parecía estar hecha de los más finos cueros angelicales. Sus labios evaporaban dulzura. Mi piel se retorcía y estiraba mientras mis ojos tímidos miraban cada detalle de esa escultura creada por los dioses. Mi frente sudaba tanto como la de un niño jugando en el patio con sus amigos. Mis manos temblaban ansiosamente. Subí el vaso de cerveza lentamente a mi boca mientras me preparaba para levantarme e ir a hablar con ella. Era la primera vez que con tanto atrevimiento iba a hablarle a una mujer. Inspirado por tan magnífica vista, me levanto de mi silla y me encamino hacia ella. En el camino me tropiezo con una pareja ebria que estaba bailando eufóricamente. Sigo caminando hasta llegar donde ella, pero mis labios se cierran y mi corazón late a mil revoluciones por minuto. Paralizado y sin poder entablar conversación, modestamente le enseño mi brazo con la esperanza que acepte bailar conmigo, ella se para y toma mi mano. Nos dirigimos a la pista de baile, donde suena una canción muy alegre. Ella empieza a bailar, moviéndose de una forma enérgica y estrepitosa, mientras que yo, con esfuerzo inútil, le intento seguir el ritmo. Entre baile y baile nuestros labios se miran, nuestros ojos se tocan, nuestras almas se conectan. La tomo por la cintura y de a poco me empiezo a acercar a ella. Sin pensarlo dos veces, ella se acerca y me da el beso más dulce y cariñoso que puede entregarle un ser humano a otro. Me digno a sonreír, alabando este momento tan pleno. Cansados, la llevo a la barra y la miro a los ojos. Le pregunto su nombre, pero ella no me responde. Intrigado por su actitud, la miro nuevamente sólo para darme cuenta que esta paralizada al igual que el resto de la gente en el Pub, como si de la nada mi mente controlara todo el local. Cierro los ojos en esperanza de que todavía esté cuerdo, añorando que todo lo que he visto y sentido haya sido una realidad, pero al abrirlos siento un leve suspiro y me encuentro sentado con mis amigos, bajando el vaso de cerveza desde mis labios hacia la mesa. Miro hacia la barra para ver si todavía estaba la chica más hermosa del planeta, pero ella ya se había ido.
martes, 8 de septiembre de 2009
La vida en un ciclo
Cuando el hombre despertó, mareado y confundido, no se acordaba de nada. Ni de su pasado, ni de su presente. El hombre mira a sus alrededores, solo para darse cuenta que se encontraba en la orilla de un río. Empapado, el hombre trata en vano de secar su ropa, que para asombro de él, le quedan grandes. El hombre luego emprende camino hacia la casa más cercana. El hombre no siente ni felicidad ni tristeza, solo un leve suspiro a melancolía que recorre su mente desde que despertó en esa fría orilla de caudal. Después de un rato, el hombre llega a esa casa, que se encuentra a unos doscientos metros del lugar de reposo del hombre. El hombre toca la puerta, siendo atendido por un grupo de jóvenes de no más de veinticinco años de edad. Lo invitan a entrar, le secan la ropa y le prestan ropas que estaban hechas para un hombre unas dos tallas mayores a él.
- ¿Cuál es tu nombre?- le pregunta uno.
- No lo recuerdo, sólo recuerdo que desperté en la orilla de un río, vi esta casa y vine a pedirles un poco de ayuda- respondió el hombre.
- Bueno, no importa, lo importante es que tomes algo caliente para que no te resfríes - le dice una dulce jovencita al hombre.
Se sientan a conversar, ellos eran seis en total, tres hombres y tres mujeres. De ellos había una sola pareja. La dulce jovencita, el joven que lo atendió y otro un poco más alto que el hombre al parecer se conocían del colegio. Los otros tres (la pareja y el hermano de la jovencita) eran algo más jóvenes que los primeros. Con mucha madurez empezaron a hablar de diversos temas para ver si el hombre recordaba algo, pero éste no reaccionaba, se quedaba con una cara indiferente y sin hablar, como si estuviese paralizado. Ya en vano, los jóvenes divergieron la conversación hacia ellos mismos. Se quedaron un buen rato conversando mientras la cara del hombre sigilosamente se transformaba en llanto, primero suave e imperceptible, para luego convertirse en un sollozo incontrolable. El hombre se para bruscamente y, sin siquiera despedirse, sale corriendo de la casa. El hombre lo había recordado todo. Atormentado por lo que recordó, el hombre sigue corriendo por el frío día nublado. Mientras corre, va recordando el camino a su casa y desesperado el hombre empieza a cruzar el ahora familiar puente. Con el corazón a punto de explotar de tristeza, el hombre se ve repentinamente en la orilla de un puente derrumbado, y sin poder frenar, el hombre se tropieza con el vacío que daba hacia el cuerpo de agua. En la caída el hombre se golpea la cabeza con el borde del puente destruido e inconciente cae al río, cuyo caudal lo arrastra río abajo. Lentamente el río logra depositarlo en una orilla de éste, dejándolo todo empapado y sucio. Pasando el tiempo el hombre recupera de a poco su conciencia, y finalmente cuando el hombre despertó, mareado y confundido, no se acordaba de nada.
martes, 25 de agosto de 2009
Croas en unísono
A quien se digne de leer esta triste carta:
Estaba oscuro mientras merodeaba las melódicas calles, encaminado a mi casa, cuando, soltando la ultima bocanada de humo del cigarrillo que estaba fumando, me tropiezo con una ranita. Maniobré para no pisar a la pobre ranita, cayéndome al suelo, con mi cara justo al frente de esta solitaria criatura. Le pregunté a la ranita que hacía aquí, pero solo me respondió con unos pequeños saltos de ranita alegre. En eso la ranita se pone a saltar, mirando hacía una calle, como si estuviera diciéndome que la siguiera. De la nada la ranita se encamina hacia la calle, haciendo cortas pausas de admiración para ver si la estaba siguiendo. Al principio no sabía como reaccionar, acaso seguir a la rana y ver que aventuras trae, o ignorarla e irme a mi casa. Fue muy extraño en realidad, como la rana actuaba casi humanamente. Después de pensarlo unos cuantos segundos, decidí seguir a la ranita, quien respondió muy alegremente, saltando una y otra vez por la calle, aumentando el paso cada vez. Prendo otro cigarrillo, el humo es suave y la sensación es calmante. La gente camina, sin notar la rana, evitándola, haciéndose la ciega. Sigo atónito, viendo como la rana se dirige en una dirección en particular, avanzando mientras voy avanzando yo, pero quedándose en su lugar al instante en el que me detengo, como un espejismo. Seguimos avanzando con la ranita, cuando esta se detiene y empieza a saltar cada vez mas alto, indicando que habíamos llegado. Se puede divisar una pequeña poza de agua, como si hubiesen sacado las baldosas de la calle y las reemplazaron con un hoyo donde se colocaron todas las ranitas amigas de la bienaventurada que me hacía de guía. Analizando un poco la poza se veían distintas ranas, unas mas pequeñas que otras, unas mas coloridas, otras mas sociables, que iban saltando de un grupo en otro, haciendo las conversaciones mas adecuadas en cada parada. Y todos los grupos distintos de ranas eran muy conmovedores. Había, por ejemplo, un grupo de ranas que estaban compitiendo por cual de todas saltaba mas alto. Habían otras que croaban, primero a distintos ritmos, después se entonaban, después croaban en unísono, luego se detenían y seguían croando con otro ritmo completamente nuevo. Habían otras ranas que estaban juntas, pero no hacían nada en particular, se veía que compartían la soledad. Debo decir, eso si, que el grupo que mas me impactó fue el donde estaban todas las ranas en un circulo, viendo a otra rana coja y enferma. Veo detenidamente a esta ranita coja y la tomo en mis manos, la inspecciono. Puedo notar que, aparte de la evidente mutilación de su anca de rana izquierda, esta ranita fue abandonada de hace días, y las otras ranas están muy tristes porque no pueden ayudarla, no saben que le pasa. Ya con la rana en mis brazos, procedo a llevarla a algún lugar donde la puedan revisar. Noto que en este instante sube a mi hombro la ranita que me llevó hasta el lugar. Voy caminando por la calle y noto que la gente me mira con cara de asombrados, con cara de que le hubiese hecho daño yo a la pobre rana. Sigo caminando cuando un hombre de unos 60 años, con bigote y sombrero me dice “Disculpa, hijo, pero a donde llevas a ese niño?” De repente aterrizo, veo mis brazos y la ranita coja lentamente comienza a tomar otra forma, veo mi hombro y la otra rana iba desvaneciéndose, y empiezo a escuchar el llanto de un bebé. Vuelvo mi vista a mis brazos y veo a un varón, que no tiene mas de un día en este mundo. Vuelvo a la poza, que ya no es poza, sino el basurero de un restaurante no muy concurrido, y veo a la gente, que camina como si no pasara nada. Viajo velozmente al hospital para entregar al bebé, que se nota desnutrido e infectado por toda la basura donde ha estado viviendo. Espero unas horas para ver cual es el destino del desafortunado niño, siempre viendo a la ranita en mi hombro, que cada vez estaba mas pálida, mas apagada, mas dormida. Cuando sale el doctor para hablarme del avance del niño ya nada importaba, la ranita en mi hombro había desaparecido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)